viernes, 5 de agosto de 2011

¿La vida es puro teatro o es puro teatro, esta vida?

Pareciera que te voy a meter en una discusión diletante, de aquellas que amenizan tarde muertas con amigos dispuestos a la cháchara fácil, ¿hablamos del cultivo de mejillones en el Polo Norte? ¿El sexo de los ángeles? ¿Caracoles con tendencias teatrales que pueblan en Sahara? ... Pero, no, intento llevarte hasta una de las paradojas que más tormentos trae a quienes se dedica, a este noble arte.


Todo empieza, en la sospecha de quien te escucha decir que te dedicas a la vieja profesión que nutre los espacios escénicos del mundo, "¿Eres actriz? entonces tendré cuidado de que no me engañes" ¿Engañarte? piensa el actor, pues no es complicado eso, como para que yo me esfuerce en semejante tarea imposible de conseguir, a todas luces. 


Con el cañón dirigido justo a donde tus pestañas se convierten en el detector perfecto de si estás en luz o no, sopesas, ese miedo que se despierta en quien luego te conocerá, cuando ya no lleves pintada la cara de personajes increíbles y es el momento, en que una mente entrenada en mantenerse despierta, pase lo que pase, elucubra serenamente, si desde allí es tu vida un puro teatro o es la vida, teatro puro destilando de las mejores olivas de la zona.

Es la vida, de la que te nutres para dar forma a una pieza cualquiera, pero nunca la pieza, será posible llevarla a la vida misma, porque las cualidades de los espacios escénicos exigen asumir una convención que la vida no lleva impresa. Nunca obtendrás, en tu vida, por ejemplo, un partener que te de la réplica perfecta que tu compañero dirá en escena. Nunca lograrás conseguir la certeza del final que si conoce la pieza. La escena te permite lograr un control perfecto de todos los detalles y en la vida, solo podrás elegir unos pocos. El infinito mundo de las probabilidades te permite control sobre tu estado pero no control sobre los sucesos que acaecerán. Mi público asume mi convención teatral, si yo soy astuta, estoy bien entrenada y ejecuto mi trabajo a la perfección pero las personas que me circundan en la vida diaria, no podrán nunca mantener esa pequeña libertad que permite asumir que si yo mato a mi compañero, en realidad forma parte de un cuento y no me dejaran hacerlo. 


Sin embargo, sigues reflexionando, cuando el cañón deja de iluminar tus pestañas para ir a dar con las pestañas de tu compañero, aunque lo parezca o no, a veces, la vida se muestra en sus gentes como actores que pretenden impresionar con gestos grandilocuentes que copian del compañero en escena. Entiendo la envida que podemos llegar a causar en quien nos mira, al aparentar control absoluto sobre las circunstancias internas o externas, pero la realidad y el valor de mayor utilidad que puede aportar un artista que vive y trabaja encima de un escenario cualquiera, está precisamente en que es del todo consciente de la imposibilidad absoluta de control sobre un sistema infinito de probabilidades que, sin embargo, se esfuerza, entrena y trabaja para ordenarse como un ser de acción y poder, en medio del caos que se genera, al tocar un hilo fino que entetejido a conciencia mueve toda la pieza.


La pieza, es la pieza y una pieza convertida en proyecto, es capaz de reventar formulaciones y aplicaciones hasta dar con la estructura perfecta para lograr explicarse, comunicarse y atender a un diálogo que buscas que se produzca, allí, muy adentro, moviendo y rompiendo para crear lo nuevo.

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