viernes, 3 de septiembre de 2010

Bertold Brecht

"Mis reglas" - decía Bertold Brecht- "sólo son aplicables por personas con juicio libre, espíritu de contradicción y fantasía social, y que estén en contacto con los sectores progresistas del público, o sea, que sean ellas mismas personas progresistas, racionales, pensantes. Si el actor no quiere ser papagayo, ni mono, tiene que apropiarse del saber de la época sobre la convivencia humana combatiendo en las luchas de clase." 

Y ahora, levántate y anda. 

Pienso lo mismo que este genial autor, director y hombre de teatro. No existe el mundo de la actuación sin un compromiso serio con el momento en que le tocó vivir al actor. Creo que de los actores hay mucho que sacar y mucha pereza que se engancha a, no se muy bien que, cosas del ego que están por desterrar. No creo en el arte que no es útil y no creo que el arte sea útil solo por denunciar situaciones. Creo que la utilidad del arte está escondida en sus laboratorios. Creo que el arte es de gran utilidad para mejorar los entornos que tocamos los artistas por la increíble validez de sus herramientas para dotar de habilidades a personas y para ayudarlas, enseñarlas, proveerlas de mensajes con las que establecer comunicación de mensajes cada vez más profundos, cada vez más bellos, cada vez más diferentes, cada vez más completos. Creo en el arte que invita a compartir experiencias para lograr reflexiones más auténticas abriendo espacios a diálogos más perfectos.

Me aburren los actores que hablan de yo, yo y yo. Me aburren sus CV, sus contactos, amistades y glamour. No creo en esos actores que andan siempre compitiendo y jugando al juego de "y yo más" como tampoco creo en directores que envidian actores cuando están en escena. No creo en espectáculos banales con mensajes aún más banales, ni en mensajes banales en espectáculos profundos, ni en banales espectáculos con mensajes profundos.

Creo en señores como Bertold Brecht que mete mano hasta los codos para encontrar la fórmula perfecta con la que transmitir mensajes. Creo en textos que de tanto trabajo se convierten en obras de ingeniería que contienen música, danza, emociones, ideas, sentimientos y lucha. Creo en tipos como Brecht que se encierra decenios trabajando una vocal hasta que queda perfecta. Que busca entre las telas de estilos y técnicas para elaborar lenguajes nuevos con los que viajar más certeramente al corazón y la mente de sus espectadores. Creo en este tipo de personas que muestra quienes somos los que guardamos puertas de teatros viejos. Los que muestran a estos simples artesanos, preocupados, muy preocupados, demasiado preocupados por lo que nos rodea como para andar rumiando formas de quedar más guapos, más listos, más profesionales, más altos, más viajeros, más bajos.

A Bertold, lo conocí en las islas, allí estaba en uno de los estantes de la biblioteca municipal. Sus piezas, sus personajes pululan cerca cuando abres sus páginas y te tocan la nariz cuando tus ojos se cierran de cansancio. Una vez has abierto sus páginas, nunca más olvidas. Yo no conozco un placer más aventurero que dejarse llevar por sus textos. Ni conozco autor que diseccione realidades de forma tan pasmosa como este. De su obra siempre me deja pasmada lo que consiguieron él y Kurt Weill encerrados y trabajando.

Yo ante Brecht me quito el sombrero.Y reconozco que si amo el trabajo es por gente como él.

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles. (Bertold Brecht)

Si hay una frases que marca mi vida profesional es esta y se la oí a mi primer profesor de teatro.


No hay porqué redundar en recomendaciones porque dudo que no halla teatrero que no conozca su nombre y al profano, que empiece por dejar que le susurre al oído "Madre Coraje".

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