miércoles, 26 de enero de 2011

Aquella extraña boda

Pero ¿Tú la quieres? la quiero Contar como los conocimos y como ejecutamos a la perfección el maravilloso personaje de Celestina ¿No merece que contemos también un punto y seguido de toda la historia? ¡De lo que fue aquella "extraña" boda!.


¿Pues no estuvimos en ella? pues contamos lo que sea, aunque razón llevas colgada de tu perilla de escritor viejo, cuando dices que en realidad, realidad, pues no hay tantas diferencias entre aquella boda y las miles de bodas a las que asistieron los lectores. A fin de cuentas, contamos los mismos tacones, las mismas pasminas cubriendo pechos que más tarde entraban en la locura de la insinuación más lastimera, los mismos ojos de señores que fingen despreocupación que oculta corazones desesperados y de soledades llenos. Zapatos negros. Una novia temerosa, apocada que oculta con blanco vestido las nubes negras de una seguridad perdida, un novio a punto de tomar las de Villadiego atado al momento por un indescifrable e inexplicable sentimiento arrebatado y lejos de la habitual costumbre de la masculinidad fría. Un baile de apertura que por momentos brilla de emocionalidad manifiesta para al segundo fingir porque la cabeza te da vueltas. Langostinos espolvoreados de glass estelar. Carnes en pinchos de estrella. Revueltos de garapiñados de asteroides cultivados en granjas de poesía. Más el borracho de turno que animó la fiesta a base de bailes desenfrenados que traían loco al dj que pretendía organizar un Karaoke cualquiera.


Tienes razón, esto no tiene estructura dramática que venga al cuento, pero lo que si es material de cuento es la absoluta determinación que traen dos seres que iniciando tamaña empresa y eligiendo, encima, tener éxito, sin embargo, parten con la mochila llena de costumbres y creencias que por si solas, solo llevan al fracaso más estrepitoso y al cuento que en pesadilla convierte momentos que podrían ser maravillosos. 


Hablar de relación, es volver a la misma cantinela que tod@s conocen puesto que de momentos felices o en pesadilla envueltos todos vivieron alguna experiencia similar a esta. Lo que no queda claro, es que de Celestina casi pasamos a convertirnos en abogados y lo que supuso convenir, quien de nosotros acompañaba al marido y quien a la esposa hasta el juzgado de turno a interponer la demanda de divorcio. Ahora, piensa y recuerda que mucho más tarde, allí que pasaron años y ya cuando los móviles dejaron de llorar por las esquinas vinimos a ser partícipes de un momento mágico, donde las vueltas y vueltas que da la vida más aquellas promesas y determinaciones enseñaron caminos nuevos que vinieron a tranquilizar aquella relación.


Para nosotros un sueño que de aventureros viajeros, pasamos a ser Celestinas eficaces, que de Celestinas vinimos a convertirnos en amigos, de amigos pasamos a ser abogados, de abogados a psicólogos con móvil, de amigos enfrentados, que de psicólogos pasamos a ser espectadores de una pareja en la que primero no quería ella y el moría de pena, luego él descubrió la pérdida de las lágrimas y ella reventaba de amargura y deseo por él. Que más tarde se convirtieron en amantes encontrados para convertirse, en milésimas de segundo, en dos perros de presa para luego llegar a asistir, a como, pasada la fiebre que cantan los que engañan a adolescentes, encontraron la forma de ser mientras comparten.


Aclarar, que no han vuelto a ser amantes, pero las circunstancias trajeron actividades que les han convertido en los mejores amigos del mundo.


Te digo, mejor así que como estábamos antes, aunque me da por pensar ¿Será cierto que existe la posibilidad de vivir y ser feliz en pareja? Habrá que probar, aunque yo de la lágrima de Pierrot ya no me separo.


Siempre que estamos o hablamos de esta extraña pareja me dan ganas de ir rápido a casa de Juanito el de los Rododendros para que me termine el masaje. Así que pilla la mochila y tu bastón de escritor viejo que partimos enseguida.

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