viernes, 13 de mayo de 2011

Hablando de casuales o causales encuentros

Hablando de casuales o causales encuentros


No elegí dedicarme a eventos. No elegí dedicarme a diseño de Marketing de experiencias y actividades de Team Building. No elegí ser personal Branding. Yo elegí ser actriz pero no una actriz cualquiera, yo tenía que ser la mejor actriz, no la más famosa, la mejor. Luego elegí dirigir escenas pero no una directora cualquiera, yo tenía que ser la mejor directora, no la más famosa, la mejor. 


Parece un galimatías pero, oye, que entre paseo y paseo, tome calles que me llevaron a plazas nuevas. 


Algunos de mis paseos fueron en apariencia míos, y otros en apariencia impuestos. Mi padre eligió que fuera jefe de técnicos de ventas, por si un día me dejaba tirada, el Arte, en la cuneta. De su miedo heredé la idea de tomar tales acciones que terminé especializándome en contabilidad y administración agraria. En un intento, atolondrado o no, más tarde, tomé caminos por psicología, para depurar mala conciencia, porque todos mis familiares tenían trabajos estables y nunca sentían felicidad en sus labores bajo la premisa de que la vida es así, sin embargo, yo aprendí que la psicología era genial para profundizar en el diseño de personalidades complejas. Si bien quería depurar sentimiento de culpabilidad por ser tan absolutamente feliz, empecé por aburrirme en cada uno de mis paseos y terminé por encontrar que cada una de las tareas que me permitían "aparentemente" parecerme más a mis muchos, pero muchos, muchos prim@s, en realidad, terminaban por convertirse en cabeza tan afiebrada y enamorada de la creatividad, en algo que, de nuevo, volvía a traerme felicidad y diversión.


Llegados a este punto, ¿Que más me daba a mi ocho que ochenta? siempre iba a lograr hacer de cualquier pestilencia aparente, el campo de juegos más imposible.


En uno de esos paseos, me encontré de lleno con la realización de un super deseo que tuve cuando alguien me regaló Sol Solet de Els Comediants y de mi relación con ellos extraje la absurda creencia que era gracioso trabajar en eventos. Un día armé la idea y terminé en el despacho de un señor, o tormenta que arrasa porque viene a enredarse en mi afiebrada cabeza creativa. Él era psicólogo y asesor de grandes grupos y empresas en España, enamorado del Arte y  yo era una artista, enamorada de la psicología, a la que no le caían muy bien las empresas. Me habló de sus rosas, de su casa, de su vida y en medio de todo el cuento y con pleno conocimiento de mi enamoramiento por la disciplina curativa que el amaba dejó salir la sospecha de que creía que el Arte poseía un valor incalculable para las estructuras empresariales. Juntos elaboramos una propuesta que yo pondría a prueba en la empresa de organización de eventos para la que él me estaba haciendo la entrevista de selección. "Date prisa, no podrás aguantar a ese jefe más de un año" 


Cierto, no aguanté ni el tiempo de un común embarazo, en aquel entorno, pero habíamos descubierto una nueva fórmula para hacer de los eventos una inversión totalmente rentable. Como no aguanté allí, me vine aquí y paseando, paseando, paseando alguien me pidió ayuda para crear estructuras empresariales que generaran Reputación.


Al final de cuento, queda que nunca estaré segura de que camino tomé por propia elección o que camino tomé por la elección de otros pero, sea como sea, el resultado de la ecuación es adecuado, porque por aras de no sé muy bien que demonio y quizá por el imposible entrenamiento que provoca una mente cada vez más afiebrada y repleta de creatividad, yo sigo siendo feliz y divirtiéndome de lo lindo con todo lo que toco sin saber, si llegué o me lo invento.


La casualidad o causalidad que unificó los caminos para que yo llegará hasta esta plaza se llama Douglas Smith. 

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