martes, 11 de octubre de 2011

Hasta pronto, Steve Jobs

¿Quien santifica a quien?

Leído en portada de un periódico quedó grabado en mi retina un titular, cuando menos singular "La red santifica a Steve Jobs tras su muerte"  Tras el título, mi desinterés total por el artículo. Tras el desintereses, una mente creativa enfebrecida que terminó por dar la vuelta a la acción de la santificación hasta dejarlo como un guante peleado por el uso excesivo de mensajes atrayentes que solo pueden interesar a quien desconoce de lo que se habla y del que habla desde el más absoluto del desconocimiento de lo que quiere expresar.

Nunca oculto tras las tapias de la contemplación, ni retirado de la realidad donde se desarrolla el Levmotiv de la acción primero y luego, más tarde y si queda tiempo, más acción, vivía un personaje cuya excelencia grabó un camino de entrenamiento brutal en el desarrollo de la creatividad, la capacidad de transformas ideas en tangibles y la habilidad desmesurada de estar en contacto constante con lo que le rodeaba y sobretodo consigo mismo. 

El irreverente ante lo que se supone se debe o no hacer, creyente en su propio potencial, por encima de todas las cosas. El que buscó donde le llevaba su interés propio y el que era capaz de accionar hasta lograr plasmar en la palma de su mano aquella idea para mostrarla, con una leve sonrisa, al mundo. El que comió obstáculos como quien mastica maíz tostado, degustando sabores y levantando trocitos incómodos entre los dientes. El que cometió errores y salió a contarlos, con la tranquilidad del que ha tomado la determinación de aprender de ellos para volver a cometer nuevos, olvidando los viejos ¿Quien santifica a quien? porque de resultas de tan peculiar elemento vivo en la tierra, lo que queda es un hombre que levantado indica a otros, la forma de levantarse solos, dignificando la propia existencia.

Steve Jobs o la fuerza que nace de uno mismo cuando la creatividad se convierte en tu madre y la acción en tu padre o la sencillez de quien teniendo todo, nunca levanta nariz llena de soberbia para ocultar, aquello de lo que carece.



Yo le conocía por el de la manzana y en el extraño transcurrir de tiempo, al poco, le vi en Pixar creando animaciones "¡Que tío, madre, que tío!". Por Mac percibí por primera vez la huella que puede dejar un concepto empresarial que lucha más allá de dar Valor Funcional y quizá, algo más tarde, le encontré enredado dando este bello discurso en la Universidad de Stanford era aún una época en la que yo sufría lo indecible pues atando cabos, hacia atrás veía como formación académica obligada por miedos ancestrales y formación académica tomada por interés propio desoyendo consejos llevaban ratilla que solo vivía a gusto entre los olores de las tablas a salas de reuniones inmaculadas en empresas y seguía sin encontrar la figura empresarial que pudiera crearse no solo en el inagotable deseo de "Todo por la pasta" que se olvida de si misma y termina olvidando al ser humano.

No creo que seas un Santo, Steve, creo que eres nada más que pura sal de la tierra y como sal, aquí te quedas, así que amigo mío, con un leve susurro, dejo caer a tu oído un "Hasta pronto, Steve, enseguida nos vemos, corazón de melón"

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