martes, 13 de diciembre de 2011

Momentos inolvidables desde un adiós decidido

















Momentos inolvidables desde un adiós decidido

Paseo en círculos en el parque de las agonías mientras termino de roer un trocito de felicidad que se vuelve cada vez más pequeño y duro, reposo en el núcleo del dolor y reviso promesas que me hice, promesas que me hicieron para descubrir que la salida está doblando a la izquierda y así llegar a dar rodeos por calles nuevas. Nuevas calles, que primero, guardan horizontes del parque viejo para ir quitando miedos a cada paso nuevo y despacio, despacio, despacio llego hasta la linde donde se siguen acumulando cansancios que solo ocultan que allá, aún más lejos, están las promesas que hoy eliges cumplir para nunca regresar al parque de las agonías.

No hay sufrimiento que no guarde un deseo inconcluso. No hay dolor, que no sea envuelto en tejidos bordados por creencias en no merecimientos. Sin telas que envuelven tormentos, avanzo rápido, por el sendero que oscuro pinta la falta de tiempo, agarrando tormenta de colores que revolotean por mi cuerpo paro y elijo entre la negra estampa vieja para darme de bruces con la no conocida senda. Tripa, corazón y cabeza se alinean para dar certezas aunque el pulso tiemble y tiemblen también las piernas. Tiemblan las piernas y tiembla el corazón que, de pronto, para y se te queda nutriendo la certeza de que aquello conocido, no es lo mejor, aunque le cueste reconocerlo al refranero.

Dos segundos y suavemente me descuelgo por la ventana. Llegando al suelo de un salto me quedo esperando en tu portal y nos vamos a dar un largo y fresco paseo. Enseguida te cuento.

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