miércoles, 8 de febrero de 2012

Una perla en el collar de una vieja estrella

Amigos de locura inquieta, son siempre pequeños huecos por donde se cuela la curiosidad que crea el material de cuentos. Calixto manda mensajes de texto hablando de una vida nueva engarzado como perla en el collar de una vieja estrella. 

Estoy segura, de que convendrás conmigo, en que vivir una vida nueva, es todo un núcleo que hace despertar miles de ideas superpuestas, ahora, toma nota de hilera de contradicciones que aparecen en el dibujo de la rutina que nos cuenta tal suceso, porque no, en vano, va y resulta, que las estructuras dramáticas acostumbradas primero manifiestan una vida plena, para ir a desembocar en algo que la perturba, luchar, luchar, luchar y justo cuando el cuento llega a su final, allí nos deja con la percepción de que es el no movimiento de una vida nueva, lo que más nos atraía. The End. 

Querido amigo, saca tu pluma de escritor viejo y deja que dance por infinitos kilómetros de telas blancas, dándole forma a la locura que nace de semejante creencia, no hay The End, aunque lo sugiera la imagen de ser solo una perla en el collar de una vieja estrella. ¿Cuanto de vieja es la estrella? Compararla con lo viejo de escritor que muestra tu perilla, no tiene precio, porque de tal aventura mil paseos por estremecedoras líneas pero, hazte cuenta, siendo vieja la estrella, tiene tiempo para pasear collares por galaxias enteras, ahora, tomando té con la estrella más vieja aún que tu perilla y ella. Más tarde, subiendo a la estela del joven cometa para dar una vuelta por la calle que lleva hasta la tierra, deslizándose, enseguida, por el tobogán de los anillos gaseosos de planeta cualquiera y tomar a la izquierda para refrescar su garganta con refresco imposible en el chiringuito de la playa hasta terminar bailando sardanas y folías envuelta en tules de seda, mientras recuerda como era aquello de los coqueteos con un encantado sol que calienta la piel más friolenta. 

No pongas cara de nube, ante semejante aventura ¿Crees que la vida de nuestro querido amigo Calixto queda en la nota del que solo observa? No hay hojas en blanco suficientes para describir los esfuerzos que debe acometer para parecer siempre bella perla, estar, siempre, en el sitio correcto, entre la piel y el vestido, ahora coqueta y ahora discreta. Bailar, sin perder el ritmo al son del movimiento. Subir y bajar para entrelazar aires al roce de piel que sintiéndose acariciada no desea más que sigas moviéndote. Lancear miradas hasta envolverlas en brillos perfectos y descubrir que la vida, al final de cuento, no es más que estar y permanecer en pleno movimiento, sin perder el hilo que te ata a tod@s los que juegan contigo, siendo y permitiendo que otr@s sean felices. Inmensamente felices. Exageradamente felices.

Y me dirás ¿Y tú? ¿Y tú vida? Oh, vida, vida que aparenta quedarse medio dormida entre mensaje y mensaje de texto. No hay lamento porque subir lentamente, aprovechando el movimiento hasta colgarte del cuello, toma solo un momento, y ya allí solo dejas, que el susurro invite a la vieja estrella a ser tu amiga para galopar en el viento y dejaros caer junt@s, hasta la misma puerta donde, sin prisa pero sin pausa, tomamos mochila repleta de cuentos y salimos volando para hacer compras en el mercado y tomando calle adelante, llegar hasta aeropuertos donde encontrar aún más amig@s para correr aventuras, ahora que somos más y podemos.

Conoce a la vieja estrella, todo un placer que me reservo escondido entre las líneas emborronadas que aún quedan por corregir en tus sábanas blancas de escritor viejo. Aventuras y desventuras, placeres y sufrimientos para dar mil vueltas a este Universo pleno.

¿Comprendes ahora, porqué no debemos preocuparnos de la vida del no movimiento elegida por Calixto? Podemos decir que Calixto, por el momento, vive, realmente,  una vida nueva.


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