martes, 6 de noviembre de 2012

Momentos inolvidables desde la hora más oscura de la noche

















Momentos inolvidables desde la hora más oscura de la noche

Delicada luna que retira su presencia hasta sus aposentos para dejar que, amanezca, con la luz brillante de un sol cualquiera. Sol, que se resiste a dejar las sábanas que arropan sueños y tú, en medio de la oscuridad más torticera, recontando miedos, sofocando encierros en negruras lastimeras. Parecer, pareciera que no verás el momento donde tu sombra y tu sean diferentes.  Pareciera que no verás donde la distancia quiere ataros, a tu sombra y a ti, solo por un punto y donde, por poder, puedas sentir que tu eres y tu sombra es solo proyección de lo que sientes, más no rumor certero de que eres monstruo o que el mismo monstruo te posee.

Retrasos infernales de amaneceres donde pones la esperanza de ver obstáculos que, ahora solo sientes como golpes de manos de hierro que, amoratan tu piel. Desesperanza cuando pasan los minutos y sigues sin ver amaneceres, caminos que no son caminos más, algún que otro, no camino que lleva a alguna parte donde, llegando, salvarás almas enteras y encontrarás, hecho girones, el grito de la desesperanza ciega. No hay color en el desasosiego, no hay aire que respirar que no contenga la negrura de la que huyes pero, en nada, el tiempo que pasa, aunque aún no lo veas, llenará la mañana de luces.

Oigo el despertador del Sol, no te desesperes. (Despacio y agarrada a la pared, desando pasos, para llegar a tu casa)  Dos segundos y desayunamos junt@s a la luz de la buena mañana.


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