martes, 5 de marzo de 2013

Momentos inolvidables desde perezas
















Momentos inolvidables desde perezas que no son ciertas

¡Maldito sofá pegado a mi espalda! pegajosas rodajas de pensamientos que vuelcan las hojas de libros viejos. Libros apoltronados en mesilla, mesa, supermesa y suelos. Mirada que huye por las puertas abiertas. Puertas cerradas que no quieren abrir entradas. Entradas y salidas que se revuelven en la nada y la nada que atormenta mente saturada. Saturación que no encuentra al sabor que la desacompaña. Compañía que se retrasa, se retrasa y tu retrasas. Retrasos que amalgamas con nuevos conocimientos. Conocimientos que atrapan nuevas perspectivas que gentes nuevas acompañan. Nuevas perspectivas que lanzan ideas hacia sitios viejos, desarticulando palabras. Palabras que se te escapan.

Y que no, que no se escapan las palabras, que se quedan dentro de la cabeza y que atadas deambulan por los humos digeridos de cigarrillos agotados, hasta que todo estalla o no estalla, cuando sabes que por parir andas. Parir pero no se sabe bien, si el salto de un viejo hábito envuelto en erróneas creencias o el desbocado movimiento de lo que está por brotar en toda tu tierra, tu vida y hasta en tu alma entera. Repiqueteas dedo en la mesa y sientes como andas cayendo por el hueco donde cuatro notas de mantra viejo arranca en un 3 X 4, buscando tu verdad pero, tu verdad, por dentro y achicando miedos. 

O sales ya, o te digo que la pereza o no pereza, terminará atándome a la acera. Corre, corre que bulle la ciudad por dentro y por fuera y no me quiero quedar quieta.

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