viernes, 5 de julio de 2013

Branding y el nefasto mundo de las carencias

Branding, del creer que estás cumpliendo o fingir que lo estás haciendo, a una implementación seria y consolidada, viven atorados, los modelos de negocio, enredados en las carencias que los entornos empresariales no pueden satisfacer, sin crear estructuras desde el mismo cero.

¿Y si no hubiesen más caminos? Imaginemos un espacio donde solo existiese la posibilidad de enamorar para salir corriendo a enamorar a otro y así sucesivamente, hasta que no queda otro más que enamorar y ahora, no lo imagines, obsérvalo porque aún sin contar con información sobre el tema, puedes verlo como una corriente que reclama y que sacudida la cualidad de aún sufrir un serio complejo de Hemón, no queda más remedio que, llegada la adolescencia, asumir que papá, no es un dios, ni siquiera un héroe, que pudo haberlo sido, pero que trastocadas las circunstancias, no es capaz de leer que lo que fue, definitivamente, ya no será, por mucho que se empeñe.

Circunstancias nuevas arriba, circunstancias nuevas abajo, va y resulta que papá decide que, percibiendo como cierto, el cambio de paisaje, estima que apurando los viejos caminos conquistará las nuevas comunidades. A tal desatino, anuda desesperación agónica que obliga hasta el último intento de volver a dibujar las mismas circunstancias para volver a tornar a los mismos paisajes. 

La agonía del ahogado

Confabula con poderes para volver al pasado y pide a estructuras que le sirvieron con éxito, allí donde no había cúmulo de información y experiencia devuelta en reclamaciones, abrigando la torpeza de quien cree que, fuera de si mismo, no hay nada que merezca la pena y, si antes, cayó rendido a mis pies, hoy volverá a hacerlo, si presiono hasta que el tupé, haya sido cambiado por otro peinado más acorde a los tiempos. Tiempos, nuevo, enmarcando arrugas viejas, caras ajadas y ademanes que no casan, si queriendo.

De don Juan, a la marquesa de Larkspur Lotion, un paso, dos pasos y viviendo el Ocaso de los dioses que no logran asumir que, pasó el tiempo.

No hay rendición en la Marquesa aunque si percibimos desatino y entre, lamento y cabreo, la vemos bajar, lentamente la escalera intentado retomar a un público entregado que, ahora la mira horrorizado. Por más color que se ponga, por más líneas modernas que agasajan ropajes viejos, por más lindezas que regalen unos brazos viejos, todos miran al tacón y a la dificultad de la escalera por donde temen caerá, aquella, que creyó vencer quedándose quieta.

Y así, Marketing cae rondando por la escalera, a pesar de las miles de triquiñuelas que, en estiramientos, le proporciona su amigo, el soporte publicitario que vive a gusto tras una cuarta pared blindada que de blindada ya no le queda nada, cuando las manos alargadas de las posibles presas, son las que ayudan a levantar a la vieja estrella.

Salvando al ahogado

No hay, en todas las costas de mundo quien, sabiendo todo esto, no estime lanzarse al agua a salvar a quien, se ahoga, sabiendo que, su fuerza, debe ser del doble de quien cree perder la vida.

Cuando las comunidades acumulan experiencias, lo hacen, a pesar de que tu les hayas susurrado que son bellas. Cuando las comunidades hablan, lo hacen, a pesar de tu ausencia en sus foros de debate. Cuando las comunidades comparten experiencias, lo hacen, sobre la percepción en base a su vivencia y a pesar de tus insistencias.

Ellas, las comunidades, viven, a tiempo real, lo que a ti te cuesta la vida. Se aburrieron de los hermosos escaparates y ahora, pasean y charlan lentamente por las calles donde tú nunca, estuviste y si entras, ohh miedo, miedito, miedo.

Los soportes de Branding, no son los molestos mensajes publitarios, los soportes de Branding están en ámbitos relacionales, no te relacionarás a gritos, en medio de una comunidad que pasea y charla. 

Para pasear y charlar con ellos, tienes los espacios que revelan las redes y para compartir experiencias, tienes todos y cada uno de tus puntos de atención, o los transformas, en espacios de interacción y relación constante, o no harán caso a tus escaparates.

Es como que toca la hora, de desestimar a un Stanislavsky, algo así, como mal entendido por occidente y traspasar la cuarta pared, dejando que todo se vuelva algo más Meyerholdiano. 

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