lunes, 23 de marzo de 2015

¿Sabes aquello de cuando te pierdes?

O aquello de cuando hablo te agobias y cuando callo, te agobias más. Dicen las malas lenguas que los que saben deben esperar hasta que los demás estimen ponerse a trabajar o que las consecuencias de los procesos han de asumirse en la tensa espera de quien avanza sin pena, ni gloria. La gloria que no es buscada. La estima de la envidia del que, sin ver, puede permanecer con cuatro molestias, de las que no se percibe la causa y el remedio que aplaca y te hace creer que no llevas carga aún cuando el peso logra que la espalda se arrugue por infinitos dolores achacables, claro está, a la vejez pertinaz a la que abocados se anda, a veces, con 7 años de vida o a veces llegada cuando entran las crisis aplaudidas por la convención social.

Que con 30 no sube la pierna sin dejar caer el cuerpo, que con 40 la rigidez de tu espalda te mantiene ties@ en la vida, con 50 arrastras talones, con 60 vives estimando los días que quedan por huir de la muerte segura, con 70 rompes la pana de pantalones viejos donde se engancha el orgullo y la soberbia de quien sabe que desde los 7 andas envejeciendo, a los 80 arrancas solo recuerdos de lo que quisiste ser y hacer pero que la mala baba de la vida no te permitió, para acabar en los 90 eligiendo no dar un paso más, a sabiendas y escondiendo en las entretelas que todo pasó por la creencia incierta de que no hubo nadie atando tus riendas, solo fueron esas riendas asumidas y tomadas por ciertas de que la vejez no tiene solución, ni a los 7, ni a los mil cuarenta.

Que con 30, no te mientas, que con 40 no te crean, que con 50 te den de lado porque eres prueba de que los talones aún pueden ayudarte a saltar a lo lejos, que con 60 piensen que eres bruj@, que a los 70 una rara especie aún por determinar si viene del cielo o los avernos, que con 80 nadie te busque o debas asumir que solo tras las ventanas puedes fingir que eres pero no eres en edades tiernas y que la muerte te encuentre bailando cerca de las orillas que refrescan las aguas.

¡Ay, de cuando te pierdes! ¡Ay! ¡Ay de la tensa espera en líneas de tiempo y espacio donde la vejez apremia al ser recibida!

Que no te enreden con cuentos, decía, mi abuela, porque vamos, digo yo, ¿no es más fácil quedarte en la playa jugando con la arena? Que con saber, se sabe que "haberlas hailas" meigas que suben y bajan, danza y cantan cuando las viejas atemorizadas, necesitan subir a las escobas pero las piernas no avanzan. Que no avanzan, que se quedan quietas esperando que alguien las suba y reclaman a voz en grito una solución desestimada a priori porque bruj@s han de ser aquellos que encaramados a las ventanas, tocan pomos y las abren sin estimar si es conveniente o no bailar a esa edad.

En la ventana encaramada y de un salto al charco más cercano porque de habitas donde la gravedad no es reina dejan de lastrar todos los pesos y que no te enreden con cuentos porque libertad en el vuelo o en el agua, si la tierra te aplasta ¿A que andarse con lastimera queja si tú aprendiste a nadar y a dejar quieto el cuerpo hasta lograr eliminar cada ridícula creencia que tensiona el meñique para solo lograr girar la cabeza hacia donde quieres llegar?

"Me encontrarás contando cuentos y bailando hasta que todo se arregle"

Que te digo, que te digo, que si, que si se puede.

¿Sabes aquello de cuando te pierdes? Yo soy diplomacia, por eso soy así, como más del Arte.

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