miércoles, 29 de febrero de 2012

José Ramón y su extraña afición al chocolate

No podría dejar pasar semejante nota que cae a golpe de comentario, sin imaginar cara, estilo y personaje ¿Quien, como, donde, porqué y para qué aparece personaje atrayente perdido entre la profusión de palabras de este blog? No me pasó por alto que José Ramón dejo entrever una pasión infinita por el chocolate que le acompaña mientras es engullido por las historias más dispares que atrapan su cabecita, y dada la ligereza con que mi mente afiebrada y calenturienta se anima, soñé que "José Ramón y su extraña afición al chocolate. Aventuras y desventuras de un poeta"  era título suficiente como para ganarse un puesto de revelación como material de cuentos.

Querido lector, querrás saber, sin duda alguna, como fue que José Ramón se encontró, sin venir a cuento, ahogándose en la marmita de chocolate del druida Telemón Telemero, pero como de marmitas y druidas ya sabemos y sabemos más, de coladuras ansiosas grandes carreras que alocadas terminan de cualquier forma ¿Para qué ahondar en líneas imaginativas y desarrollo dramático que, sin duda, acabo de despertar?

Del "Chocolatero a tu chocolate" podría ser resultar un gran viaje aventurero pero ¿Chocolatero José Ramón? no lo creo. Puede que mi amigo, sea un aficionado simple, juguetón y dicharachero que sorbiendo en tazas calientes, se dio de bruces, con el cuidado sabor que la naturaleza "impía" colocó delante de nuestras narices para hacernos caer en la cuenta de que la gula de existir, existe y puede llegar asociada a esta palabra. Siendo, chocolate, palabra amada pero un poco denostada por la leyenda que cuenta que termina colándose entre michelines y haciendo casa en cúmulos de grasa, parecería palabra poco afortunada pero querido lector, no es cierto y resulta incómodo decirlo, pero la sospecha de que es el azucar allí metido a presión la que construye casas a la grasa, se hace evidente cuando logras tomar chocolate sin las elaboradas filigranas de quien intenta vender, lo que de entrada no tendría éxito, después de vivir la explosión, sin igual, de sabor y olor puro en tu lengua aún no preparada. 

Entender, entiendo a José Ramón el chocolate, chocolatero y sin duda, comprenderéis que de tal afición hayamos encontrado huecos para convertirnos en compañeros de viajes y socios que buscan chocolate colgado de nubes, escarbando tierras lejanas o levantando puertas cerradas en minas escondidas en otras galaxias. Pero José Ramón, a parte de ser chocolatero a su chocolate, viajero a su viaje, también es poeta a sus poesías y como si de un misterio cósmico tratara el asunto, dibuja líneas enteras que, ahora blancas, ahora negras llena tabletas enteras. Le da igual a José Ramón poeta a sus poesías grabar letras en tabletas marrones de dulces sabores o trinchar palabrejas en nuevas tabletas tecnológicas, porque si obsesión tiene por el chocolate, obsesión también tiene por llenar los huecos vacíos donde caben mensajes.

Y poeta a su poesía, termina diciendo ¡Hey! Charlemos y dejemos espacio para que las palabras vuelen al viento y agarrando solo una de ellas salir a vivir aventuras por espacios diversos, mientras, con una mano escribo cuentos y con otra caliento el alma con calenturas, calenturientas de chocolate que burbujea colándose por garganta tibia y deseosa de placeres ocultos y menos ocultos. Diríase pues que José Ramón, antes que chocolatero, viajero y poeta podría haber sido un malabarista, titiritero y funambulista de un circo ahora ya viejo y este núcleo tiene chicha dramática para escribir miles de cuentos.

Y tú, querido lector, preguntarás ¿A que viene la repetición de palabras constantes de este artículo? y solo te digo, que chocolate, chocolatero. Poeta, poesía. Viaje y viajero ... no son más que el ritmo de los, casi olvidados, ecos de un cuento antiguo que el viejo escritor de perilla activa y yo, bailamos hace ya un tiempo. José Reramón o el personaje de miles de cuentos.

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