jueves, 2 de febrero de 2012

La paradoja del comediante. Dimes y diretes

Revolviendo en los cajones, me doy cuenta de que hablando de secretos y juegos, no te conté, en serio, aún nada de la paradoja principal que nubla mis sentidos y me ocupa, día si y día también, andando por las tablas que pueblan las escenas.

Dicen las malas lenguas, que los actores se componen de máscaras y te digo yo, que llevar una máscara para pasar una escena libera de aquellas carcasas que más te sublevan cuando no sabes si el malo o bueno eres tú o es el personaje que interpretas porque, a pesar de miles de creencias y farsas que se mantienen, no hay, aunque te pese, nada de vivencia, como tu la vives, en aquello de dar un paseo por la escena.

La máscara se creó para proteger la identidad del actor, ante la impaciencia de un público, que no era aún capaz de reconocer que, entre el profesional y la farsa o texto puesto en pie, desde el contenido de un autor, había una gran diferencia. Siento aguarte la fiesta, querido lector, pero no hay, en aquello que a ti te parece cierto y tu vivencia, más que una pequeña similitud, y una gran diferencia, que tú puedes creer, por la de secretos y herramientas que te permiten participar de una misa en escena.

Nunca sabe, el actor, si ha de empezar las construcciones por dentro o por fuera ¿Ser o no ser? ¿Recomponer primero acciones, gestos, tonalidades y movimientos creando la partitura física o ir primero a reconstruir la partitura interna de vínculos, emociones, pensamientos o sentimientos? 

Cuentan de Sarah Bernhardt que era diva espléndida y que podía llorar incalculables minutos en escena sin que tu pudieras mover un solo pelo y cuentan que la Douce salió a escena, rompiendo el protocolo teatral de toda una época, dando la espalda al público y contando su estado vital con un coqueto paraguas que movía ansiosa, hasta que paraba de golpe y de golpe provocaba el ahogo de la sala entera.

Sin duda, no puedo ocultarte que he probado los dos juegos y los dos parecen perfectos para conseguir el propósito de que creas lo increíble, te ahogues y respires pero, justo, cuando las líneas del autor deben mover tu alma. Toma un minuto y revisa mi anterior frase, mi objetivo único es que tú llegues hasta el final que el autor planea para comunicarte y obligarte a una reflexión profunda de lo que has creído ver en la pieza donde estabas completamente segur@ que solo observabas, sin tomar parte. 

Sin embargo, lo divides por partes para tu aprendizaje o la formación de otros actores. No hay actor que solo desde fuera o solo desde dentro haga encaje de bolillos que tú te creas pero todos deben ser entrenados en hacer encajes por dentro y por fuera hasta que, un día, cae en la cuenta de que no hay forma humana de empezar la construcción del personaje y la pieza, sin que un gesto lleve al sentimiento o un pensamiento a una línea completa de acciones físicas que irremediablemente deben ser enlazadas al objetivo último que todo el equipo posee en un baile eterno con el autor.

De la formación, a la puesta en pie o como tú lo llamas, ensayos. Y de ahí al momento donde el público entra y donde, de forma irremediable, cuentas con todo un aparataje al que debes prestar tanta atención, como a los imprevistos, las vueltas humanas en tus compañeros y si el público queda pintado o recibe y responde para actuar, cambiando de forma inmediata, cualquier conato de tragedia paralela a la escena.

¿Crees que hay posibilidad de "vivir" con tanta tarea? ninguna y ¿Entonces? preguntarás ¿Cómo aparentemente estáis viviendo? Hay construcciones hermosas y con coherencia real de principio a fin, dentro y fuera del personaje y sus relaciones que son las que usamos como apoyo musical para bailar ritmos por las escenas y hay solo un secreto, salir a jugar, a jugar con el mismo ímpetu y seriedad que un niño de 4 años. ¿Cómo si no iba yo a sacar un puñal para atacar a un compañero, bajarte la luna o luchar como una fiera contra mil leones, sin que tú, no temieras por mi vida?

¡Jugar!

Y ahora, que lo pienso y chic@ que no hay, desde hace tiempo, posibilidad real para que tu llegues al teatro a "vivir" escenas. Últimamente parece que solo hay cabida para los textos más huecos.

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