miércoles, 21 de marzo de 2012

El perdido zapato de Cenicienta

Salir a la carrera dejando atrás mi "extraño" zapato, quizá traiga mañana un cuento nuevo o revise un cuento ya viejo. Seamos serios, de aquí sale no uno, sino miles de cuentos.

Sin más dilación. Toma mochila que dentro metemos manta para tirar millas por carretas nuevas y viejas, hasta que un día, tarde o temprano, regresemos a casa. Así de claro te lo digo, porque, perezas miles, cuando nombras zapato tan famoso, y a tan famoso personaje de cuento, y si no ¿a que vienen hilillos que quieren descubrir cuantas veces fue pegado con loctite o no, semejante zapato perdido, que de cristal fue creado? para empezar, no tenemos ni una pizca de estructura que nos llegue a la muela trasera, siguiendo la pista a tal objeto porque, a mi me queda claro que una vez perdido, su pareja, con toda seguridad se fue al cubo de la basura y a su regreso, ahora ya solo, vivió una vida de lo más lastimera, sin paseos largos o cortos, sin vida más allá de otra vidriera que cubría una cama, quizá color sacado de cochinilla vieja, que gustaba de teñir mantos aristocráticos, en la vieja edad media de morado quisquilloso o tal vez, azul oscuro, más oscuro que el manto de nubes frías que cubren los cielos de invierno. Cubierto y foco, para ser zapato estrella de un suceso que día a día, toma visos de convertirse en sospecha de viejo, viejissssimo lamento que clama buscando pasados que "parece" que fueron buenos porque, amigo mío, queda pendiente el después de todo un cuento, que nunca cuentan y un después que puede o no, ser venturoso pero que naciendo de momentos tan, tan, tan brillantes donde acaban todos felices y comiendo perdices, aún queda la sospecha de saber como transcurrió, de verdad, una vida entera, en tan famosa pareja. A mi personalmente, me quedan dudas al respecto ¿Pudo o no pudo acostumbrarse Cenicienta a vivir siendo servida, después de reivindicar y luchar por sueños tan grandes como los que tuvo que, a fuerza de hacerse fuertes, entre calenturientas ollas y escobas alocadas, vienen a tomar el sendero de una vida queda, quedándose muy quieta para que pintores vividores en cortes mundanas, la terminarán congelando en escenas pintadas? ¿Pudo el famoso príncipe aguantar las ligerezas con que su esposa querida intentaba mezclar dos vidas o por el contrario, el príncipe enamorado primero de la belleza que se esculpe entre cacerolas mugrientas ... clamó y clamó para volar en escobas voladoras? Aún tanto por contar, ni siquiera sabemos si de tanta perdiz comida en la más suculenta ración de felicidad, no tuvieron indigestión y de la indigestión algún problema médico irresoluble que derivara en sucesos aún más cruentos. 

Como todo es posible, aún en semejante cuento a pesar de los pesares y los miles de lamentos, aquí nos hemos quedado, mirando como el viento se cuela entre cortinas que bien atadas y ataditas todas, una detrás de la otra, podía habernos servido para salvar ventanas y obstáculos varios y llegar hasta la calle para averiguar, de una vez por todas, o bien el detalle de zapato famoso o ir detrás del zapato "extraño" que tomó tacón de aguja de reloj y reventó un pie que necesitó masajes en Australia para mejorar.  

Te lo dije, te lo dije, te lo dije, el cuento que nunca se contó de Cenicienta tiene más caminos que los caminos abiertos en este mundo y aún, sin querer, queriendo, nos hemos quedado quietos, tan quietos como el mismo cuento en su reconocible The End. 

Mira, un salto. Toma la mochila y mientras, yo llamo para tomar billete y despacio, despacio, despacio darnos un salto hasta la casa de nuestro viejo amigo Juanito el de los Rododendros. 

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