martes, 10 de abril de 2012

Momentos inolvidables desde durezas

















Momentos inolvidables desde experiencias que se nutren de durezas

No hay equipo que defienda posiciones quietas de inmóviles acantilados que reciba mi apoyo en contiendas donde el mar se enfrasca con arrebatada violencia o que dulcemente se empeñe en romper cimientos. Paseando cumbres que ásperas quieren abrir grietas y hacer naces desde ellas, miles de durezas, estimo como única salida reptar despacio, hacia el precipicio para, en un descuido, de quien quiere vivir quiet@, lanzarme al mar para galopar a lomos de olas  inmensas, allí donde me dejo mecer por la certeza de que, rompiéndome entera contra la quietud, volveré recompuesta, a romperme entera, contra las piernas que quieren seguir quietas, hasta que solo quede arena.

Una vez y otra, más otra y eternamente rota y recompuesta estimo al movimiento por encima del deseo de petrificación que me rodea. No hay quietud en la vida que no te refleje casi muerta. No hay dibujos que sola se hiciera la dura piedra y para ser bella y transformar las formas, siempre tuvo que esperar que, aquello que si se mueve, moldeara la hermosura que manifiesta.

No hay salida. Me ducho, una perdida y nos hablamos por Skype en dos segundos y medio. Quiero contarte que elecciones, como éstas, son las que dan carácter.

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