jueves, 3 de mayo de 2012

El fantástico mundo de las Artes escénicas

Buster Keaton en El maquinista de la General, 1926.
Si quitas los aplausos, las amplias sonrisas, el fogonazo de focos y todo el glamour que crees acompaña la vida de un artista, detrás encuentras amaneceres que quedan pegados a noches que buscan, sin pausa, miles de soluciones. Sudor y trabajo duro que implica al cuerpo, a las emociones y una mente afiebrada que busca, si o si, lograr expresarse y una singular adaptación a un mundo que puede vivir tranquilo o en pleno movimiento de cambio pero que se termina manifestando en la vida del artista, como aquella habilidad imprescindible que te permite vivir, de forma constante, en medio de la palabra crisis.

Crisis creativas, crisis emocionales, crisis personales, crisis de valores, crisis económicas, crisis, crisis y más crisis de las que siempre, termina saliendo renovado y totalmente reinventado. 

Allí donde el estado habitual de los mortales, teme al cambio y al conflicto que genera tan temida palabra, el artista, sin embargo, toma otra senda porque es consciente de que su tarea terminará siendo siempre evaluada, así que elije  y recibe criticas o ramos de flores como si de la misma cosa se tratara, acompañando respuestas, con la más increíble de las sonrisas, como una oportunidad innegable para, frente al cambio, transformar el miedo en la capacidad de abrir nuevos registros y frente al conflicto, tomar a éste por los pelos y puntada aquí, puntada allá, hilarlo e hilvanarlo hasta que tome la forma de conflicto creativo que va y viene buscando y encontrando la forma de expresarse en una solución que englobe todas y cada una de las posiciones.

Decía un viejo profesor de teatro, al que conocí que, en realidad, el artista no es más que un ser muy observador que termina sorprendiéndose de que las soluciones creadas tienen infinitos puntos de contradicción y que, ante los sufrimientos que genera el fallo detectado, no puede evitar buscar alternativas que expresarán donde lo vio, que y quien lo generó, mientras se esfuerza en encontrar el porque y el para que de los objetivos que lo crearon y que determina, con su exposición u obra, ponerse a la espera hasta que le aportes espacios de colaboración para solucionar los problemas detectados, dejando ya iniciadas varias líneas de propuestas o dejándolo todo envuelto en formato de morajela para obtener, de ti, una respuesta. Tal es su esfuerzo por iniciar el cambio, que es consciente de que tú podrás explotar en miedos y ante tal circunstancia, determina convertirse en un hábil diplomático para que sin entender, entiendas.

Decía Lorca, que un pueblo sin motores de cambio moviéndose por espacios escénicos, es un pueblo enfermo y digo yo, que para moverse rápidamente, los usos, herramientas y formulaciones que aportan estas profesiones tienen un valor incalculable para quien logra percibir que la entrada en la nueva Era de la Información, nos deja, en todos los casos, expuestos a la crítica o al ramo de flores a la velocidad que provoca el vértigo, porque querámoslo o no, hoy más que nunca sientes esa exposición que busca y nombro por similitud donde está lo que falta para obtener mejoras que ofrecer en formato de obra o producto, debemos explicar el que, el quien, el porqué y el para qué e invitar al cambio esperando que nos cuenten, por donde vuelven a aparecer las nuevas contradicciones, sufriendo la transformación a vista del detalle por públicos aún más extensos en cantidad e información. 

Si del glamour pareciera que estallan brillos que nos convierten en magníficas estrellas, sin embargo, yo veo más brillos, allí donde quedan escondidas las mañas, usos y prácticas de artistas que detrás de focos, miradas aviesas, ramos de flores o críticas construyen las artes que disfrutas como espectador y tomo en serio sugerirte que de público pintado en la sala de espectadores, de un salto tomes posiciones y, pruebes a subirte al más fantástico mundo de las Artes escénicas, creando tu vida y tu obra como algo realmente necesario y bello, al que además, puedas enriquecer con un valor de responsabilidad.

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