jueves, 21 de noviembre de 2013

De camino de recoger un Oscar o un pepito cualquiera

De camino de recoger un Oscar o un pepito en cualquier taberna de Huertas. Whouu, menuda comparación que, se toma a risa, tu perilla de escritor viejo. Mientras te ríes, se asombra el mundo que oye tu risa y lee palabras describiendo situaciones tan, en apariencia, alejadas. Pero, que te digo, no hay mucho, camino entre alfombra roja y piso que busca estar menos mojado, volviéndose casi aserrinado, cuando la tendencia es a vivir a tope, el momento. Además, amigo mío, liándola con palabras entrelazadas por medio de una hoja en blanco, ir y volver, no ocupa más de media o línea entera.

El camino a la alfombra roja, tiene como parada el núcleo donde se viene a tejer la vanidad más expuesta y como decía mi abuela "Quien quiere presumir, tiene que sufrir" ¿Te extraña, entonces, que zapatos sobre tacones deban pensar en colores y que, si por poder pudieran, romper con el museo de las soberbias, atados quedarían en el hilo que da comienzo, al rojo que quiere ser pisado? y tirando del hilo, hilo va, hilo viene, descolgarse por el, hasta la taberna más cercana a romper el diente contra aceituna que acompaña a Pepito o a al frío en el colmillo al contacto con la cerveza. Si objetivos pudieran atarse al cuento de la apetencia, dime ¿Quien en su sano juicio iría a pasear por semejante enjundio de miradas que creen que ellas, nunca podrían lucir tan bellas?

Belleza y más belleza pero, entre belleza y belleza terminas doblando la cabeza para ver ojos hambrientos de ser, lo que tampoco son pelos bañados en oro de quien puede pagarlo. Sea como sea, el caso el destacar, así que, si la cuestión es llegar elegir es la clave para garantizar que todas las miradas se enreden en tus faldas. 

Así que la única opción pasa por elegir el disfraz de la atracción

Ponte entonces tieso y llama al Coronel Tapioca porque, tú y yo, para escalar hasta el hombro de tamaña vanidad tendremos que llamar al gimnasio para comprobar hasta que punto, el entrenamiento pagado, nos hará tocar la cima de mirar, sin caer en la más grande de las sonrisas disimuladas.

Ay, con la manía de entrar y salir por alfombras, cuando no puedes apurar de un trago el reto del juego y solo puedes jugar creyendo que allí estás llendo habiendo psicoanalizado al personaje mientras asumes una leve subida de pequeña psicopatía, adornada de doble personalidad que se desgasta en la comisura de los labios que entre sonrisa y sonrisa, pretende esconder una mirada algo perversa que entiende haber conseguido la rendición del otro.

Ni pasando por los Oscar, ni Goyas, ni por estrenos enmarcados por espectaculares pasillos donde cámaras, miradas, fotos y aplausos se libran y de libertades en esos juegos, solo los que juegan a vivir en momento, quedan indemnes, cuando es reclamado el pago de tanta atención.

De bata rosa de guatiné, rulos y máscara de pepino fino y traje de buzo para encontrar donde se mueven las verdades que escondidas pretenden pasar desapercibidas para no ser comidas.

Anda y corre que con una sola tarjeta de crédito vas, vienes, subes y bajas y, por el camino veremos, si llegamos o nos descolgamos hasta mejor aventura o hacemos que esta, merezca la pena.


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