miércoles, 18 de diciembre de 2013

¿Cuanto de vieja es la estrella?

¿Cuanto de vieja es la estrella? Compararla con lo viejo de escritor que muestra tu perilla, no tiene precio.

¡Que susto! ;-) Segura ando de que pensaste que te verías envuelt@ en un relato, aunque corto, de líneas filosóficas o exotéricas que despacio te mantendrían entretenid@ hablando de reencarnaciones varias. De creer, creo que perilla a perilla, entre viaje y viaje, tendríamos cuentas de años que cubrirían edades, no solo de una estrella, sino de millones de ellas pero, el caso, es más simple si olvidamos la coletilla y nos centramos solo en la pregunta.

Ahora, la pregunta, que si te fijas,  por si sola, no tiene chicha para llevar a buen puerto un juego estupendo donde dar solución a una mísera estructura dramática, que atrajera, por si sola, la atención, de no más allá de algunos lectores enfrascados en la búsqueda inquieta de argumentos científicos, más un puñado más de entretenidos en dar consistencia a teorías conspiparanóicas, si yo hiciera el esfuerzo. Es, sin embargo, esa coletilla atada a la pregunta con, lo que podría ser, puntada de hilo fino sacado del pelo de tu perilla, la que da vueltas a cualquier cabecita que se atasque en "compararla".

Desde los rayos de la más antigua de todas las estrellas, cae una sospecha y quizá haya sido, precisamente, ella la que, susurró al tu oído la idea de que le hicieras homenaje, pelo a pelo, de una perilla que aún, no podemos saber cuanto de vieja es. Aunque, si somos serios, es desde el mismo momento en que la estrella imaginó tamaña idea, por mucho que esperará a que tú, agarrado a tu bastón de escritor viejo, perdiste tiempo, una mañana cualquiera revisando la hoja de afeitar y desestimando llevartela hasta donde debería haber estado cortando el cesped color oro que aparecía, entre tu barbilla y las orejas.

Pobre, hojilla de afeitar, pobre brocha que dejáste presa en un neceser olvidado en el cajón. Triste jabón y apesadumbrada loción que esperan a otro día, donde previo repaso de tijera, vueltas a tenerlas en cuenta. 

Pero, encuadremos que se nos acaban las líneas aconsejadas para que el lector en internet no se nos vaya por peteneras y, como siempre, los que vuelven por peteneras seamos nosotros y dejemos en suspenso la ansiada respuesta. 

Lo cierto, es que yo creo, que si comparamos la vejez de la estrella, con lo viejo de escritor que muestra tu perilla, tendría que darle fuerte a la razón para no afirmar que desde luego, nuestra querida estrella, no es más que una niña atada aún al chupete la que debería estar agarrada a tu perilla. Siendo compuestos tu y ella, del mismo elemento, la intención de contar, con toda probabilidad se remonte al mismo momento donde la expansión del universo, conocido, comenzó. Lo que hay que saber ahora, es ¿Estuvo la estrella en ese momento o le dió por nacer luego?

¿Sabes qué? un rato de cante y baile por soleares y peteneras y de un giro, nos podemos ir hasta su vera y preguntarle a la vieja estrella. 

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