miércoles, 12 de marzo de 2014

Buscando a Holmes

Tendrías aventura habiéndote embarcado en buscar a Holmes donde su amigo desespera después de perderle la pista entrando por Linkedin al cruzar por la izquierda. 

Encontrar a Holmes podría compararse con salir al encuentro de la isla de San Borondón, si la buscas no la encuentras, si no es tu intención encontrarla, te das de bruces con ella o, al menos dicen las lenguas viejas que pueblan las islas afortunadas que a ratos la ven y a ratos, parece que la visión se torna clara y pierden de vista sus costas. ¿Por donde vas a poner a pensarle, si en lo que tu lo piensas, él se ha pensado trescientas veces y ha vuelto a perderse, corriendo, corriendo detrás de pistas que le lleven a resolver en nuevo entuerto? Porque una cosa es segura, hablando de Sherlock, queda claro el imán que tenemos para encontrar lo que buscamos, en su caso, el juego de dar vueltas hasta dar luz, a lo que mentes perversas parecían querer esconder de la vista del resto.

No te engañes, conociendo su afición por las carreras, persiguiendo, persiguiendo, han encontrado la fórmula, si no para encontrarle, para hacer que sea él, el que a ti te encuentre, mientras tú, sigues alegre charla y parloteo de lindas ratonas "colorás" en un barucho cualquiera o bien tirando tú, hacia la derecha, entrando por Linkedin a perderte en los vericuetos de miles de argumentos que entretienen provocando sonrisas, asombros o poniendo los pelos tan de punta que tu peluquera, al verte entrar por la puerta, emite tamaño grito que la novia de King Kong, terminaría más asustada por oír a esta que por ver de cerca la cara de su chico, antes de darse cuenta de que, no la va a comer o más bien querría comérsela, pero a besos.

Tirar hilos, como quien tira migas, es en realidad la gran aventura y quizá no solo tu mente terminaría creando enigma tan atrayente como para dar por sentado que Sherckloc vendrá hasta tu vera, así, que de la gran aventura, nace un paseo, quizá hasta la casa de Juanito el de los rododendros, porque es la casa más concurrida de todas las que conoces y donde hay más mentes brillantes por metro cuadrado que granos de arena en la playa de Maspalomas.

Ni mochila, ni vestuario especial o específico. Zapato cómodo y bolso con el que cargar tarjeta de crédito y volando, volando, volando, en nada nos platamos en casa de quien mejor conoce las ganas que tienen los cuerpos para vivir cómodamente, alejado de dolores y de tormentos. Aterrizar en aeropuerto y de un salto quedar parada en el increíble sendero surcado de las gotas bucólicas que caen, como cuentas, de plantas de mil colores que viven custodiadas por rododendros que ahora, se muestran alegres por lluvia que les refrescan raíces, antes resecas.

Despacio para encontrar dormitando en el porche a Juanito, y a su lado, arrebujado un bulto del que puedes percibir una mirada risueña, ¡Holmes!.

  • Nena, me chivaron que andabas buscándome y hasta aquí me he venido, sabiendo que para tejer hilos, vendrías hasta la casa más concurrida y donde más mentes se avendrían a jugar contigo para crear redes. 
  • Sherlock, mi niño, rápido que eres, pero yo solo te buscaba aliviar a Watson que desesperado está, entrando a Linkedin, justo en la esquina por la que tu te perdiste corriendo hacia la izquierda. 
¡Volvamos, pues! 


De vuelta ... ¡Y yo con esos pelos!

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