miércoles, 9 de julio de 2014

De vuelta a casa de Juanito el de los rododendros

Mira, un salto. Toma la mochila y mientras, llamo para tomar billete y despacio, despacio, despacio darnos un salto hasta la casa de nuestro viejo amigo Juanito el de los Rododendros.  

Es tan fácil llegar a casa de Juanito el de los rododendros que ir y venir de ella, es línea recurrente en casi todos mis cuentos. De un salto puedes estar allí o simplemente, no llegar porque ni siquiera lo pensaste.

Despacio, despacio, despacio es la forma más rápida de llegar a tu destino sin obstáculos pero, despacio, despacio, despacio puede hacer que tu destino se aleje, como si estuvieras caminando en sentido contrario a el, sin embargo, despacio, despacio, despacio, es la forma más corriente de llegar a casa de ese amigo que, sabes, sin que te quepa la menor duda, de que siempre estará dispuesto a oír, a escuchar y ver donde tu, no logras ni permanecer o pasas sin lograr encontrar lo que buscas. Amigos espejos hay pocos, en realidad, cuesta encontrarlos, a no ser que los trabajes y cuides hasta que no quepa duda de que estarás, tantas veces, como él está para ti.  

Juanito, siempre está ¿Quien querría salir de un espacio donde tienes todo lo que necesitas y lo que sueñas?

¡Menuda casa! casa llena de amigos que van y vienen, que se alejan y regresan a tomar por suyas las manos que curan, oídos que alivian y voz que aplaca el alma que busca y no encuentra. Amigos que buscando llegan y te entregan secretos acumulados en vidas enteras pululan por casa que tienen como anfitriones a gentes como Juanito, mi querido amigo y ese, es precisamente el imán que hace que tomes billete y que despacio, despacio, despacio te acerques a dar un largo paseo por casa rodeada de rododendros.

Llegar o no llegar, no parece ser más que el final o el principio del cuento porque allí encuentras o la salida o la entrada a nuevas visiones por las que serías capaz de poner en juego, trozos de vida que precisan ser reconocidos como ciertos y entre vas y vienes, vienes y vas, ahí te quedas de cháchara entretenida, de jugueteos eternos, de descansos necesarios y abrazos agradecidos porque, nunca se sabe de donde saca anfitrión y amigo tan preciado, amistades que resultan ser viejas en tu vida, dejando el momento sorprendido o tomando veredas de nuevas gentes que aportan el valor que, sin venir a cuento, tú creías extinto.

De olor a café, de sabor a pastelitos frescos llenas las esquinas de hogares que son de muchos y que mantienen al dueño totalmente protegido de miradas, que si llegaran a ser aviesas, no tendrían más que perderse entre rododendros para encontrar, la calma que te llegue a levantarte para tomar las riendas de cambios, envueltos en aventuras varias.

Juanito, sea como sea, que me regreso, que me vuelvo a casa y ya vuelvo.

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